A veces es imprescindible hacernos esta pregunta, -seguro mucho de nosotros la hemos cuestionado alguna vez-.

¿QUIÉN SOY YO?

A medida que vamos avanzando con nuestros propósitos y deseos, cumpliendo años, la vida pasa de ser esperanzadora, vital, creativa,  a simplemente trabajar para subsistir.

Empleamos toda la energía en ganar más dinero para obtener una vida más confortable y mejor, pero sucede que aumentamos los recursos, disponiendo de todas nuestras capacidades para esforzarnos aún más:

  • Más horas laborales
  • Más consumo
  • Más rapidez

DECIDIMOS ACEPTAR LO QUE NO CREÍAMOS ACEPTABLE

Someternos para poder llegar a cumplir anhelos imaginables sobre felicidad.

El tiempo pasa a toda velocidad y sin darnos cuenta echamos la vista atrás y se nos han esfumado diez, quince o veinte años, porque la vida continúa hacia adelante, sigue su proceso normal.

En algún momento de esa vorágine en la que perdimos el sentido de la realidad, fuimos cambiando.

Un día sin darnos cuenta dejamos de sonreír, nos volvimos fríos, aislados, malhumorados, con miedo al amor y a depositar confianza.

Creímos que tan sólo era cuestión de suplantar lo que hasta ahora obtuvimos, por otro parecido o mejor, y quizás, en alguna ocasión, vimos la posibilidad en algún barbitúrico o sucedáneo momentáneo, que podría llegar a sustituir, ese gran vacío existencial.

Olvidamos a nuestros antepasados, la niñez, nuestra historia, -quizás porque no- a tener “Fe”,  y quisimos seguir el juego con una construcción sociológica para adaptarnos mejor.

CONVERTIMOS LO ILÓGICO, EN LÓGICA PARA VIVIR

 

Amor es cuando sé que soy todo, sabiduría cuando sé que no soy nada

¿QUIÉN SOY YO?

Hemos necesitados algunos años para llegar a evolucionar  de manera más constructiva y positiva, con otro entendimiento sobre cada una de nuestras experiencias de vida.

Podemos decir que estas cuestiones se hacen hoy por hoy más normales, que ya no resultan tan extrañas como antes, es muy frecuente encontrarnos con algún conocido-a, familiar, alguien muy cercano a ti, que esté pasando por situaciones parecidas, -con los mismos planteamientos-, nuestra época así lo demanda.

 La búsqueda de respuestas ante la insatisfacción producida o podemos ponerle el término, «lucidez», que es la que nos permite darnos cuenta, ser más conscientes, de que algo no marcha bien, lo aprendido hasta ahora, es un sin sentido.

 

Nos ha costado unos setenta u ochenta años o más, comenzar a discernir sobre lo que es real y lo que no, para aceptar que el proceso de cambio, viene desde el interior.

Sobre los años cincuenta la esperanza de felicidad o sentido de vida, iba asociado a valores materiales, mejor posición social, aparecer como personas triunfadoras, exitosas, confrontamientos por el poder, teniendo gran repercusión, la opinión del prójimo, -estar a la altura-. A su vez, existían anhelos por una sociedad que funcionara diferente, nos ayudara a sacar lo mejor de cada uno, nuestro mayor potencial.

En los sesenta comenzamos a dar los pasos, años de movimientos socioculturales, reformas, protestas y enfrentamientos, la necesidad de libertad nos unió en masas, surgiendo alianzas, percibimos el sentido de unidad y expresión,

Los setenta nos sirvió para entender el auto-análisis, comprendimos que la culpa y los problemas deben modificarse desde dentro, así que ya vimos como normal, obtener ayuda de especialistas que nos hacían reflexionar, interiorizar, –miedos, temores, facultades, etc..-  Por otro lado la sociedad comenzaba a sufrir los daños colaterales, desestabilización emocional, cayendo en dependencias como las drogas, -principalmente la heroína-, que se agravó en la siguiente década.

Siempre sé una versión primera de ti mismo, en lugar de una versión segunda de alguien más

Judy Garland

A principios de los ochenta, vimos que las terapias no suplantaban nuestra necesidad de respuestas y anhelos insatisfechos, que sólo lijaban cortezas superiores, que debía existir algo mucho mayor para lograr  soluciones más positivas, “lo mejor de nosotros mismos”.

En esa búsqueda de respuestas, tengo que decir, que Oriente siempre nos llevó la delantera.

Entre los ochenta y los noventa se hizo muy presente diferentes disyuntivas , una mezcla de volver antiguas creencias, afincándose a idealismos religiosos, terapias ancestrales de ceremonias y tradiciones u esoterismo, más reflexivas e introspectivas, la fe volvía hacer acto de presencia. Se le caracterizó por el auge multicultural y por los medios alternativos.

A su vez, existía otra tendencia al aislamiento existencial, pura necesidad material por conseguir objetivos, como hacerse rico rápidamente, ser líder destacable, competitivo, -estaba de moda-.

El decenio comprendido desde el 2000 y 2009 se le llamó «Decenio Internacional» vivimos tiempos de paz y tranquilidad. Pero los movimientos que acontecieron después fueron muy intensos, guerras y destrucción por el inmaterialismo religioso.

En esa época se daba a la vez un importante giro, como segunda fuente principal de capitalismo países de oriente emergieron considerablemente desequilibrando a la actual potencia mundial.

Los cambios sucedieron muy rápidos, aquello que habíamos percibido como injusto, desigual, se fueron colocando, comenzamos a tomar consciencia más abierta, aceptándonos cada uno en su individualidad, -color, raza, sexualidad-, elegimos como representantes a personas que antes, se les vetaba por su condición.

Pero otro camino nos derivaba a la precipitada intervención masiva de las máquinas, el avance tecnológico nos ayudó a obtener  todo tipo de información jamás y nunca, antes concebido en la evolución humana.

Inventos y experimentos, en nuestra búsqueda de soluciones y mejor calidad de vida, las respuestas al YOSOY, -nuevas ciencias-,  proyectó un auge impresionante.

Entre el  2000 al 2020, comenzamos a modelar y fusionar avance material con trabajo interno, crecimiento, superación, resiliencia, la palabra CONSCIENCIA se fortificó.

 

NOS DIMOS CUENTA DE NUESTRA CAPACIDAD DE CREAR ERA ILIMITADA

 

 Eres tú mismo, sin saberlo, lo real está siempre contigo, no necesitas esperar para ser lo que ya eres. Lo que es seguro, es que, no eres, lo que percibes.

 Nisargadatta

 

 

Pero a la vez, la velocidad con lo que nos enfrentamos a todo lo nuevo, nos obliga a automatizarnos inconscientemente, sin darnos cuenta las vertientes se dividen:

  • Por un lado una mayoría que vive y se acopla a la actual experiencia, lejos de querer implicarse en cuestionamientos o discernimientos, habituados a lo fácil, -aunque esto les provoque angustia e insatisfacción, soledad-. «Robotizados»
  • Y otra, que ha aprendido a obtener en todo este proceso, mayor LUCIDEZ, crecimiento interno.

Oriente influye en nuestras creencias, -meditación, yoga, mindfulness, chakras, energía, iluminación-, corrientes ancestrales en sus costumbres pasan a darse por aceptadas, en culturas antes, incuestionables.

Ahora podemos ver en las librerías, estanterías repletas de libros sobre auto-ayuda, mentalidad, consciencia, cambio de era, nueva espiritualidad, progreso, humanismo, neurociencia, coaching, entrelazándose entre sí, con puntos en común.

La diversificación emerge desde el mismo origen.

 

 

 

 

A partir del 2020, la velocidad se incrementa pero nos retiene a calibrar,  una dicotomía que altera nuestra percepción del mundo y foro interno.

Remueve todo aquello que necesita ordenarse, costumbres afincadas del pasado, pasan a otro nivel, seguimos creando, impuestos por la naturaleza, -que sigue su curso natural-, obligándonos a encontrar otras respuestas, nos impone a reflexionar e interiorizar.

Así que debajo de la presión o caos acumulado de constantes movimientos necesarios, nos vemos obligados a darnos cuenta de que toda la energía u orden principal, deriva del mismo lugar.

Por lo tanto,

¿QUIÉN SOY YO?

Es el comienzo de lucidez y a la vez de volver al origen, donde la influencia de lo externo no es lo que condiciona, si no lo que nos proporciona, la identificación de nuestros egos.

La nueva visión o concienciación nos hace experimentar otro forma de concebir la existencia, el camino a transitar estará a razón del punto en que cada uno se encuentre. El cambio ha llegado para quedarse ☺.

  • ¿Habremos construido mejores bases, desde este punto de partida, de aquí a diez, veinte o treinta años hacia adelante, quizás?
  • ¿Qué tipo de sociedad seremos?
  • ¿Más orden y claridad?
  • ¿Tú qué opinas?

 

 

 

 

 

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