Durante los primeros pasos de vida que un bebe experimenta, cuando un niño quiere manifestar su descontento o desagrado, ya lo hace visible a través de la ira. Mi sobrina por ejemplo, con tan sólo tres años, es una bomba de explosión cuando se enoja, no entiende ni sabe gestionar dicha emoción, pero viene incorporado en su programa, como en el de todos nosotros, una emoción elemental que suele darnos muchos quebraderos de cabeza si no se sabe armonizar adecuadamente.

La ira es el medio que utilizamos para hacernos respetar, para que no se vulnere nuestro espacio vital, pero a menudo también se utiliza como herramienta para controlar y manipular.

Muchos de nosotros tememos la ira de otros y a su vez, también la usamos para que se acaten nuestras propias normas e intereses.

A menudo en la vida cotidiana es fácil poder encontrarte con experiencias relacionadas con procesos de ira, tanto a nivel personal o como observador de los hechos.
Huimos a toda costa de ser el punto receptivo del enfado de otros, pero no nos tiembla el pulso muchas veces a la hora de expresar el nuestro, sin importarnos en ese momento, las repercusiones que conlleva.

 

En palabras de Séneca:

La ira:

Un ácido que puede hacer más daño al recipiente en la que se almacena que en cualquier cosa sobre la que se vierte

 

 

El sentimiento de ira sin obedecer es convertible en:

  • Odio
  • Rabia
  • Cólera
  • Furia
  • Venganza

 

 

No debemos avergonzarnos de la ira, es una cosa muy buena y poderosa que nos motiva. Pero de lo que sí debemos avergonzarnos es de la forma en la que abusamos de ella.

Mahatma Ghandi

Es fácil ver o escuchar experiencias donde se saltan las limitaciones y se vulneran derechos elementales del ser humano, por obedecer a través de la rabia o cólera, con justificación en las mismas, acciones inapropiadas.

En la cola de espera en medio de un tumulto de coches de alguna vía circulante, en las oficinas de una importante empresa, en pleno supermercado o centro médico, cotidianamente es visible en la sociedad, experimentar dichos procesos y en tiempos de crisis podemos ver un aumento algo más desproporcionado.

La sociedad occidental vive estresada, a contra reloj, los problemas y contratiempos se incrementan en un sin parar, sin apenas disminuir la velocidad para gestionar y, si es posible, por la vía más rápida o superficial, sin entender los motivos que lo causan, esto aumenta la ira y el descontento.

 

Debemos aprender auto-gestionar nuestra ira.

¿Qué acciones son más saludables y nos pueden ayudar, beneficiar?

♥ Hacemos un análisis más profundo de lo que provoca nuestro enfado y si de verdad merece la pena estar a merced del mismo y, ¿qué podemos aprender? Intentando sacar lo más constructivo de cada situación.

♥ Nuestra respuesta ante el enfado es volcarlo hacia el exterior, reprimirlo o aplastarlo, salpicando a otros de nuestras conductas. Adoptamos el papel de víctima o de juez. Analízalo bien, ¿cómo te posicionas?

♥ Quizás detrás de la ira se esconde una causa de algún acontecimiento pasado durante la infancia, adolescencia o sólo se pretende con ella utilizarla, como medio para manipular, culpar o justificar una posición, ¿cuál es la verdadera fuente del mimo?

♥ Responsabilidad personal por nuestros propios pensamientos, sentimientos o necesidades. Auto-conocimiento.

 

La ira bien gestionada nos ayuda a ponernos en acción, a movilizarnos ante lo que nos parece incoherente o injusto, tomar impulso y emplear acciones más adecuadas, la indignación en positivo, nos ayuda por ejemplo: en beneficio del planeta, combatir la delincuencia o la violencia, para ayudar a otros, etc. Permite distinguir principios y valores de cada individuo.

 

     

    Nada puede curar la ira excepto la compasión

    Thich Nhat Hanh

    No podemos olvidar que detrás de cada comportamiento o acción existe una respuesta que puede influir en muchos aspectos, cuando es desmedido y mal gestionado o, muy largo en el tiempo, afecta a todo nuestro organismo de alguna u otra manera, física o psicológicamente.

    Podremos obtener respuesta de rebote, cuando la extrapolamos inadecuadamente y repercutir o recibir de otros, la misma o mayor intensidad de dicha emoción.  Las consecuencias pueden ser muchas, incluso nefastas.

    ¿Cómo ordenamos la ira?

    Un patrón de comportamiento excesivo en mi sobrina, por ejemplo, tras golpearse con su rabia la cabeza, tener que darle unos puntos y pasar un tiempo en cuidados, hasta que llegue a sanar las heridas. Este es un ejemplo personal, cotidiano y que no pasa de ser una pataleta de una cría, las maneras y formas en que expresa sus sentimientos. La diferencia oscila en, una niña que aún no ha aprendido a identificar ni gestionar sus emociones, a un adulto que es capaz de hacerlo.

     

     

     

    ♥  La manera de dar respuesta a nuestra emoción viene de lo aprendido, muchas veces funcionamos en piloto automático. Así que respira profundo, toma conciencia e intenta de estar más presente, ser más consciente.

    ♥  Tu yo adulto entra en conexión con tu yo herido, enojado. Asumir la responsabilidad personal del daño que te haces, (resentimiento, dolor, rabia) (con sus debidas repercusiones).

    La forma de gestionar la ira es a través del amor, cuando nos alejamos de él y nos olvidamos de quiénes somos, no recordamos nuestra humanidad, esta se convierte en odio, rabia u otra emoción negativa, desvirtuando la realidad para manipularlo a nuestro antojo.

    ♥  Utilizar técnicas como la meditación, yoga, ejercicio físico, para bajar los niveles de estrés, canalizar mejor a través de la relajación.

    ♥ Practica la compasión. Si tu rabia es perecedera en el tiempo, se repite constantemente y por diferentes sucesos, saltas como en un campo plagado de minas y ves en lo externo tu principal potencial para montar en cólera, ira, -no estaría nada mal intentarlo-, cambia tus viejos hábitos de comportamiento.

    ♥ Te armonizas con el amor, así que no tengas miedo apelarlo. Veces resulta que hay que tener más valor para hacerlo que por el contrario, dar respuestas incoherentes y vomitar basura sobre otros-as, auto-dañándote e hiriendo a los demás.

       

      Recuerda, no es lo que sucede, sino la interpretación que tu mente da a cada evento o suceso.

      “La mente es nuestro gran campo de batalla” 😉

       

       

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